Aprender lenguas

Herramientas para autoevaluarse

 

Hemos dedicado diversos apuntes de esta sección a las estrategias de aprendizaje. Vamos a  pararnos hoy un momento a hablar de un tipo de herramientas o recursos muy abundantes en la red que sirven al aprendiz para aplicar la estratregia de la evaluación o de la autoevaluación de la expresión oral y de la expresión escrita. Ya vimos días atrás la importancia que tiene la autoevaluación como estrategia metacognitiva. Se trata de las llamadas rúbricas de evaluación, que sin duda nos pueden ayudar a calibrar nuestro nivel de competencia en diversos aspectos de la lengua.

Muchas universidades y centros educativos de todo el mundo, especialmente de la órbita anglosajona, han desarrollado rúbricas para evaluar a sus alumnos y ahora las tenemos todas a un clic con una búsqueda adecuada. En la red se pueden encontrar, ciertamente, en cantidad, a veces ajustadas incluso a necesidades muy específicas de lengua, aunque lo más frecuente es que evalúen presentaciones orales y textos escritos genéricos. Sólo hace falta observarlas críticamente y adoptar las mejores, que, además, puedan ser útiles a nuestros objetivos.

Frente a la rigidez de las rúbricas ya hechas, en Internet encontramos también recursos gratuitos que nos permiten generarlas, como por ejemplo Rubistar. Quiero destacar hoy una rúbrica de calidad que me gusta especialmente, elaborada en el Valencia Community College, que lleva por nombre Rubrics for Oral & Written Communication. Se trata de una herramienta que, como es habitual en estos instrumentos, trata de ser muy sintética, se organiza en indicadores (cuatro o cinco por parrilla) y presenta cuatro niveles (las rúbricas suelen tener entre tres y cinco). Estos niveles se corresponden a “Beginning”, “Developing”, “Competent” y “Accomplished”. Se trata de una rúbrica en tres parrillas que distingue entre escrito (una sola parrilla con los indicadores siguientes: sentido y  desarrollo, organización, lenguaje, convenciones) y oral (dos parrillas). En la llengua oral, los autores desmarcan con buen criterio el contenido (con los criterios: introducción, tesis, conexión con la audiencia, conocimiento del tema) y la ejecución (con los criterios: contacto visual, movimiento, voz, fluidez). Me gusta especialmente que debajo de cada indicador haya unas palabras clave que nos indican qué pretende evaluar el indicador.

Con herramientas como esta y una adecuada capacidad reflexiva podemos autoevaluar nuestras producciones verbales y hallar sus puntos débiles. Enseguida nos daremos cuenta de que nuestros fracasos no se deben, generalmente, a déficits en todos los indicadores descritos, sinó a uno o dos, o poco más. Y si somos capaces de identificarlos estaremos muy cerca de resolverlos y de poder comunicar mejor.

Enric Serra i Casals
Profesor de Filología Catalana, Universidad Autónoma de Barcelona
Blog: Aprendre llengües

 

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