Aprender lenguas

Estrategias para una buena comunicación: amortiguar el discurso

 

Conocer bien el léxico, las estructuras gramaticales o adecuarse al registro y a la formalidad oportunos a cada situación comunicativa no es suficiente para tener éxito en nuestros actos de habla cotidianos. Es posible que con un buen conocimiento del código podamos, además de leer y comprender discursos orales, transmitir e intercanviar información con nuestros interlocutores, pero no es seguro que consigamos nuestro objetivo comunicativo. Al fin y al cabo este es uno de los objetivos fundamentales cuando nos comunicamos. Debemos intentar que la interacción con los demás sea satisfactoria, es decir, que la relación entre nosotros y nuestro receptor o nuestra audiencia reúna unas condiciones óptimas para que nuestro mensaje consiga su fin: informar, convencer, prohibir, sugerir, avisar, etc.

Son muchos los aspectos que hay que cuidar desde este punto de vista. Vamos a centrarnos hoy en uno, las estrategias de amortiguación del discurso. A veces es oportuno decir un poco menos de lo que quisiéramos, para que nuestras palabras, precisamente, surjan su efecto completo. Podemos conseguirlo frenando nuestras frases con elementos cuantificadores minimizadores, dando algún rodeo o utilizando eufemismos, o evitando utilizar el lenguaje negativo. Si queremos que nuestras órdenes o peticiones a otras personas tengan una respuesta adecuada, es conveniente también mitigarlas incluyendo a veces la petición de disculpas, planteando en nuestra formulación la hipotética situación de no aceptación de la orden, utilizando verbos y adverbios modales, etc. Otras veces nos puede convenir amortiguar nuestras afirmaciones o convicciones para no abrumar a nuestro interlocutor o audiencia, o no imponerle nuestro punto de vista con una fuerza excesiva, que podría deteriorar su imágen o incomodarle: el uso controlado de expresiones de duda y de probabilidad puede ser oportuno en este caso (con determinados verbos o adverbios, por ejemplo), o la utilización de fórmulas que diluyan nuestra responsabilidad única en la afirmación, situándola, por ejemplo, en un contexto de opinión más amplio o compartido con otras personas. También las fórmulas que acentúan la idea de nuestra sinceridad en la comunicación pueden hacer más llevadera la aceptación de nuestra opinión ante nuestros interlocutores, aunque hay que controlar el abuso de formas de expresión de la sinceridad y la franqueza en nuestro discurso, ya que la proliferación de ellas a modo prácticamente de tics lingüísticos les resta toda su efectividad. La amortiguación de nuestras palabras, pues, con determinados recursos lingüísticos, es una estrategia necesaria en nuestro discurso. La comunicación eficaz pasa por saber desplegar adecuadamente recursos como los indicados

Enric Serra i Casals
Profesor de Filología Catalana, Universidad Autónoma de Barcelona
Blog: Aprendre llengües

 

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