Aprender lenguas

Estrategias de memoria en la expresión oral

 

La memoria no ha gozado últimamente del prestigio de otras épocas, y algunos educadores la han puesto en cuarentena en los aprendizajes. El motivo ha sido reivindicar un aprendizaje no basado en la réplica, sino en la creatividad, el pensamiento reflexivo y el ejercicio de la crítica. No hay razón, no obstante, para dejar de lado a la memoria (tiempo atrás dedicábamos una entrada a las estrategias para reforzar la memorización del vocabulario).

Las estrategias de memoria pueden constituir una ayuda fenomenal, también, a la hora de comunicar nuestras ideas en público, si optamos por no leerlas o por depender poco de un guión. ¿De qué manera podemos recordar un texto que debemos expresar oralmente, incluso un texto extenso y complejo? ¿De qué manera podemos recordar con seguridad el hilo de un discurso, su progresión, sin olvidar sus etapas? Los clásicos (Cicerón, por ejemplo), muy acostumbrados a una oratoria basada en la memorización, tenían bien estudiada esta cuestión y muy desarrolladas las técnicas para responder a ella.

Una de las posibles fórmulas es no tener que recordar el recorrido de nuestro texto, sino colocar nuestro discurso en recorridos que ya conozcamos. La vida de cualquier persona está llena de itinerarios que se podrían recorrer con los ojos cerrados, de circulaciones rutinarias por espacios cercanos que se conocen con todo lujo de detalles. La estrategia es clara: anclar las etapas del discurso en estos itinerarios. Imaginemos que queremos hacer un discurso sobre la anorexia, con tres ideas o etapas (debidamente expandidas): 1) la anorexia crece, 2) tienen la culpa de ello los medios de comunicación, 3) la familia y la educación pueden ayudar a frenar su expansión. Necesitamos un camino con tres momentos a los que vincular las tres ideas por medio de asociaciones fuertes, originales, indestructibles. Nos hace falta hallar, para empezar, un itinerario familiar. Si todos los días salimos de casa (1) y vamos a comprar el pan (2) y después el periódico (3), ya tenemos un camino trazado aprovechable. Nos falta solamente asociar casa con crecimiento de la anorexia, panadería con medios de comunicación y quiosco con familia y educación. Imaginar la panadería abarrotada de periodistas nos resuelve el segundo momento del discurso. Visualizar nuestra familia y los maestros que hemos tenido a lo largo de la escolarización, todos juntos, haciendo cola en el kiosco, nos resolvería, por ejemplo, nuestro tercer estadio. No debe darnos miedo que las imágenes que utilicemos se acerquen a la excentricidad. Al contrario: lo que es ridículo y grotesco hace más profundo el surco del recuerdo. Las imágenes anodinas, cotidianas, en cambio, son mucho más difíciles de recordar. Aquí tenemos, pues, una estrategia para el recuerdo de los discursos que nos puede llevar al éxito en nuestra actividad de expresión oral. Una estrategia muy utilizada por los clásicos que no ha perdido nada de vigencia: no inventar recorridos nuevos para nuestros discursos (ya poseemos muchos) y crear asociaciones mentales poderosas que vinculen las ideas con los sitios de estos itinerarios escogidos que ya conocemos.

Enric Serra i Casals
Profesor de Filología Catalana, Universidad Autónoma de Barcelona
Blog: Aprendre llengües

 

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