En el último cuarto del siglo pasado diversos autores intentaron definir al buen aprendiz de lengua*, formulando un perfil ideal de aprendiz, caracterizado por una suma de rasgos óptimos. Algunas de las características que establecieron estos autores, y otros, nos interpelan todavía.
Destaco las siguientes: 1) la conciencia del aprendizaje lingüístico, el uso deliberado, meditado y oportuno, con conocimiento técnico, de las estrategias de aprendizaje que deben permitir al aprendiz aprender mejor; 2) la implicación activa en la conducción del proceso de aprenendizaje, con responsabilidad, sin delegar cuestión alguna en otros agentes del proceso (el profesor, por ejemplo); 3) una buena resistencia emocional a las situaciones de no progreso, de estancamiento, de frustración, de posible desmotivación que asaltan con frecuencia a los aprendices de lenguas cuando se dan cuenta de que sus progresos son lentos; 4) una buena capacidad de inferencia y de elaboración de hipótesis a partir de los elementos ya conocidos, una buena capacidad de adivinar y de utilizar la intuición; 5) una buena capacidad de planificación del aprendizaje; 6) la capacidad de formular y reformular sistemáticamente el sistema global de la lengua aprendida a partir de los inputs discretos recibidos: la actitud de descubrimiento de la otra lengua como un sistema; 7) la aceptación de la dificultad inherente al aprendizaje de una lengua; 8 ) la voluntat de exposición, sin miedos, al máximo número de situaciones más allá del aula en las que el aprendiz pueda practicar el uso de la lengua meta (internet, televisión, radio, el contacto con hablantes de la lengua); 9) la capacidad de autoevaluarse y autocorregirse; 10) la capacidad de lanzarse a pensar y a actuar en otro sistema lingüístico y de abandonar el anclaje en el propio; 11) la predisposición a aprovechar cualquier elemento comunicativo para la comprensión (elementos no verbales, conocimiento del mundo, etc.); 12) la flexibilidad de no encallarse el aprendiz en las formas que no sabe, buscando perífrasis, utilizando gestos, mímica, etc.; 13) la ausencia de miedos: de cometer errores, por ejemplo, o de hacer el ridículo; 14) la preocupación por el sentido por encima de la preocupación por la gramàtica o por las unidades concretas de la lengua (un sentido que puede depender, por ejemplo, de aspectos sociolingüísticos y pragmáticos); 15) la adopción de una actitud de apertura y de tolerancia respecto a la lengua meta y, también, de empatía hacia los interlocutores. ¿Os identificáis con alguna de estas características?
* H. H. Stern, J. Rubin, y posteriormente, además, N. Naiman, M. Frölich, A. Tedesco, etc.
Enric Serra i Casals Profesor de Filología Catalana, Universidad Autónoma de Barcelona Blog: Aprendre llengües
Yo tengo claro qué es lo que quiero: entender lo que dicen en ingles y hacerme entender (al fin y al cabo eso es lo que hago en castellano).
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interesante
Cuando estamos aprendiendo un nuevo idioma debemos estar concientes, de que la estructura gramatical no va a ser igual a la del nuestro, asimismo debemos a catultarnos a comer errores y asi realmnte podemos mejorar….