Aprender lenguas

Como autoevaluarse

 

La evaluación es un proceso muy relevante en el aprendizaje de una lengua. Conviene que no se enfoque solamente a los conocimientos, sino que debe abrirse a valorar objetivos y contenidos del saber, el saber hacer y el saber estar. Es muy necesario, por otra parte, que sea un proceso constante (al margen de la posible focalización en algunos momentos: evaluación diagnóstica, evaluación final) dentro de la llamada evaluación del proceso o evaluación continua. Es decisivo, además, que el aprendiz de lengua asuma un rol activo en el proceso de evaluación: que no la delegue completamente en el profesor o persona que orienta su proceso formativo (o, eventualmente, en la evaluación de los compañeros), sinó que vea que como aprendiz tiene un papel importante a desarrollar. La llamada heteroevaluación, pues, debe complementarse con la autoevaluación. La autoevaluación puede ser muy importante durante la evaluación formativa, un elemento clave de ayuda al autoaprendizaje y un elemento más de criterio en la evaluación final.

Autoevaluarse no es nada sencillo. Se trata de una de las estrategias de aprendizaje metacognitivas. Es una práctica necesaria porque nadie, en definitiva, sabe más que el aprendiz acerca de muchas de las cuestiones relacionadas con su aprendizaje (estrategias utilizadas, éxito o fracaso en la aplicación de ciertas técnicas, dificultades superadas, grado de satisfacción o de insatisfacción o de motivación o desmotivación). No se trata, a pesar de todo, de una actividad sencilla. A menudo 1) no tenemos los instrumentos adecuados para llevarla a la práctica, 2) no sabemos detectar nuestras lagunas lingüísticas o descubrir sus causas, 3) somos excesivamente perfeccionistas (no siempre se debe evaluar todo), 4) no sabemos distinguir entre los tipos de errores que producimos (¿lapsus?, ¿errores evitables?, ¿errores no evitables con nuestro nivel de conocimientos?), 5) autoevaluamos nuestros conocimientos lingüísticos però no otros aspectos fundamentales en el aprendizaje lingüístioco como los que se relacionan, por ejemplo, con el plan de trabajo que se traza el estudiante.

El aprendiz de lenguas tiene a su disposición herramientas que le ayudan en la autoevaluación desde todos los puntos de vista. Existen diversas aplicaciones 2.0 que permiten seguir el plan de trabajo, los objetivos o el tiempo marcados por el aprendiz. En cuanto a la lengua, hay decenas de recursos en la red, en el caso del inglés, que permiten autoevaluarse a distancia. Las herramientas de búsqueda de Internet (empezando por Google) pueden convertirse, si sabemos preguntarles, en recursos que aportan criterios inmediatos para la autoevaluación de las producciones lingüísticas. Es imprescindible, por otra parte, conocer recursos concebidos específicamente para la autoevaluación de lengua. Quiero destacar, en este sentido, los Can do statements (existentes en trece lenguas: inglés, francés, portugués, catalán, castellano, danés, etc.), en el marco del proyecto Can Do, o los portfolios de lenguas elaborados bajo los criterios del Consejo de Europa, que invitan a los estudiantes a situarse con respecto a lo que saben, saben hacer o se marcan como objetivos en el aprendizaje de una lengua. El e-portfolio de EAQUALS-ALTE es uno de los más populares. Recomiendo utilizarlo para autoevaluarse, reflexionar, y tener constancia y evidencias del proceso de aprendizaje.

Enric Serra i Casals
Profesor de Filología Catalana, Universidad Autónoma de Barcelona
Blog: Aprendre llengües

 

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