Aprender lenguas

Aprendizaje, incertidumbre y confort

 

Aprender una lengua es entrar en un territorio desconocido por el que es necesario circular con un máximo de confort. Lo primero que hay que hacer es entender que se trata de un territorio amplio y complejo, que nunca se puede abarcar completamente. Junto al lógico intento de querer comprender y analizar todo lo que se pueda, de inducir reglas, de conocer un máximo de significados de una palabra o sus contextos de uso, es bueno también entender que no todo se puede o se debe analizar en el aprendizaje de una lengua. Determinadas expresiones se deben conocer, se deben interiorizar y se deben utilizar. Se trata de expresiones que han de quedar fuera de nuestra mirada analítica, el uso de las cuales, sencillamente, debemos ir experimentando, observando si funcionan o no, si nuestros interlocutores las aceptan o las consideran extrañas. Son un ejemplo de este tipo de expresiones muchas fórmulas de interacción que, por otra parte, por el desgaste que presentan fruto del uso constante, muchas veces no permiten la explicación lógica que querríamos dar.

Si queremos encontrar el confort a que nos referíamos más arriba, es necesario saber convivir, por otra parte, con un margen de incertidumbre en el aprendizaje y el uso de la lengua. Es necesario aceptar que no lo comprendemos todo (tampoco lo comprendemos todo en nuestra lengua habitual) y que las situaciones de malentendidos o de poca comprensión son habituales y que dependen de muchos factores (intención del interlocutor, registro lingüístico, lenguaje especializado, variación dialectal geográfica, usos específicos de ciertas palabras o estructuras). La capacidad de resistir a lo desconocido, a la sorpresa, es una característica del individuo de nuestro siglo vertiginoso que debemos aplicar también a nuestra experiencia lingüística. Hay que entender también que la actividad metacomunicativa y metacognitiva que se genera en relación con la incertidumbre lingüística (pedir aclaraciones, deshacer un malentendido, etc.) es una fuente valiosa de aprendizaje.

Una última reflexión sobre la búsqueda del confort en el aprendizaje de lenguas es entender que si bien en nuestros actos de comunicación suele haber un camino más recto, un camino principal para conseguir nuestro objetivo comunicativo, hay muchas vías secundarias que también nos llevan a donde vamos: es posible que recorramos más trecho, si nos equivocamos en el uso de una palabra o no acertamos el registro, pero generalmente llegamos también al objetivo con un aprendizaje más. Hay que entender, pues, que las situaciones comunicativas se nos presentan como un haz de caminos y que sólo el tiempo de aprendizaje y de práctica nos va a ayudar a encontrar el camino más recto y rápido.

Enric Serra i Casals
Profesor de Filología Catalana, Universidad Autónoma de Barcelona
Blog: Aprendre llengües

 

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